Antes de rediseñar una web, de invertir en publicidad o de discutir sobre el color de un botón, hago siempre lo mismo: una auditoría. No por rigor académico, sino porque la mitad de las veces el problema no es el que el cliente cree que es. Se quiere cambiar el diseño y resulta que la web tarda ocho segundos en cargar. Se quiere invertir en Google Ads y resulta que la analítica lleva un año sin medir nada.
Esta es la lista que sigo, en el orden en que la sigo, con las herramientas que utilizo. Puedes hacerla tú mismo en una tarde.
1. Rendimiento
Lo primero, porque es lo que más rápido se nota y lo que más caro sale ignorar. Un sitio lento pierde visitas antes de que nadie lea nada, y Google lo tiene en cuenta para posicionar.
Con qué medirlo
- PageSpeed Insights: te da los datos de campo (usuarios reales) y los de laboratorio. Los de campo son los que importan.
- Lighthouse, dentro de Chrome: rendimiento, accesibilidad, buenas prácticas y SEO en una sola pasada.
- GTmetrix: útil por la cascada de carga, que enseña exactamente qué está bloqueando la página.
Qué mirar
- LCP por debajo de 2,5 s. Es el tiempo hasta que se ve el elemento principal. Casi siempre lo estropea una imagen sin optimizar o una fuente que llega tarde.
- Peso de la página. Si pasa de 2 MB, hay imágenes sin comprimir. Formatos modernos (WebP, AVIF) y
widthyheighten cada imagen para que no salte la maquetación. - Recursos de terceros. Cada script externo es una petición a un servidor que no controlas. Las fuentes y las librerías se pueden alojar en tu propio dominio: cargan antes y, de paso, dejas de enviar la IP de tus visitantes a un tercero.
- Caché. Los archivos que no cambian (CSS, JS, imágenes) deben ir con caché larga y versión en la URL. Si no, o los sirves viejos o los sirves siempre de cero.
2. SEO técnico
No hablo de palabras clave todavía. Hablo de si Google puede entender la web.
- Search Console. Es gratis y es la única fuente que te dice qué ve Google de verdad: qué indexa, qué descarta y por qué.
- Sitemap y robots.txt. Que existan, que estén al día y que no se contradigan.
- Una sola versión de cada página. Con
canonicaly sin duplicados por www, http, barra final o parámetros. - Enlaces rotos y redirecciones. Cada 404 que llega desde fuera es autoridad que se pierde. Si has migrado la web, revisa que las URL viejas redirijan a la nueva equivalente, no a la portada.
- Datos estructurados. Schema.org de artículo, persona u organización según el caso. Es lo que hace que aparezcas bien en los resultados.
- Si tienes más de un idioma,
hreflangrecíproco entre las versiones. Es el error más común en webs multiidioma: cada versión apunta a las otras, pero las otras no le devuelven el enlace.
3. Contenido
Aquí es donde se decide si la web sirve para algo. Página por página:
- ¿Se entiende en cinco segundos qué haces y para quién? Si no, ningún truco técnico lo va a arreglar.
- Títulos y descripciones únicos y escritos para personas, no para robots.
- Un solo
h1por página y una jerarquía de encabezados que se pueda seguir. - Contenido caducado. Fechas viejas, precios que ya no son, proyectos que ya no existen. Da peor imagen que no tener nada.
- Llamadas a la acción claras. Una por página, y que se vea sin buscarla.
4. Experiencia y accesibilidad
- Móvil primero, de verdad. Abre la web en un móvil real, no en el simulador del navegador. Comprueba que nada se desborda ni queda tapado por la barra del navegador.
- Contraste y tamaño de letra. Nada por debajo de 16 px en el cuerpo del texto.
- Navegación con teclado. Recorre la web con el tabulador: si no ves dónde estás en cada momento, te falta el estilo de foco. Es de los fallos más frecuentes y de los más fáciles de arreglar.
- Textos alternativos en las imágenes que aportan información.
- Formularios. Que los errores se expliquen, que los campos tengan etiqueta y que se puedan rellenar desde el móvil sin hacer zoom.
5. Seguridad
- HTTPS en todo, con redirección desde http y sin contenido mixto.
- Certificado vigente. Suena obvio, pero he visto webs meses caídas porque nadie vio que la renovación automática había dejado de funcionar.
- Cabeceras de seguridad:
Strict-Transport-Security,X-Content-Type-Options,Referrer-Policyy unaContent-Security-Policyrazonable. Son gratis y casi nadie las pone. - Actualizaciones y copias. Si es un WordPress: núcleo, plugins y temas al día, y copias automáticas que alguien haya restaurado al menos una vez.
- Qué hay expuesto. Instalaciones viejas, carpetas de pruebas, paneles de administración que ya no usa nadie. Todo eso es superficie de ataque a cambio de nada.
6. Analítica y cookies
El punto que más veces me he encontrado roto, y el más silencioso: nadie se da cuenta hasta que pide un informe.
- ¿Mide lo que crees que mide? Comprueba que el identificador de medición es el de tu propiedad. Un cambio de web con el código mal copiado deja meses de datos en el limbo.
- ¿Se carga antes del consentimiento? Si el banner de cookies aparece pero la analítica ya se ha cargado, el banner es decorativo.
- Eventos. Páginas vistas solas no te dicen nada. Mide lo que importa: clics al correo, envíos de formulario, descargas, salidas a otros dominios.
- Contrasta dos fuentes. La analítica de navegador siempre ve menos de lo que pasa. Comparándola con los datos del servidor o del CDN sabes en qué proporción, y así sabes cuánto vale cada cifra que das.
Qué hacer con el resultado
Una auditoría que acaba en un documento de cuarenta páginas no sirve para nada. Yo la cierro siempre igual: tres listas.
- Lo que se arregla hoy, porque cuesta minutos y evita pérdidas: redirecciones rotas, analítica mal puesta, certificado caducado, imágenes de 4 MB.
- Lo que entra en el próximo ciclo: rendimiento, contenido, estructura.
- Lo que hay que decidir antes de tocar: si toca rediseñar, si toca cambiar de plataforma, si toca replantear el negocio digital entero.
La mayoría de webs no necesitan un rediseño. Necesitan que alguien mire los datos y arregle las cinco cosas que están rompiendo el embudo.
¿Quieres que la haga yo y te dé las tres listas?
Escríbeme a [email protected]. Te digo qué está roto, qué es prioritario y qué puedes ignorar.
